No me quiso decir su nombre, sin embargo se sentía muy importante, desde el momento que saqué la cámara no paró de mirarla e intentó hacer su mejor presentación con destreza y seguridad. Le pregunté su edad y me hizo el ademán de "10" años con sus deditos. En un trabajo de observación mezclado con percepción, me pareció que por la manera de tocar el acordeón, este niño llevaba un buen tiempo haciéndolo. Con seriedad y simpatía ganó la atención de los pasajeros del subte, aún contra el ruido puso en "Los caminos de la vida" su mejor energía y supo merecer unas cuantas moneditas.
Saturday, May 27, 2006
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